En otro momento conocí a un mujer que no dejaba de asombrarse con todo lo que la gente tiraba: joyas, recipientes, juguetes e incluso dinero. Todas ellas se caían a las vías del metro de Madrid y allí permanecían.
La gente no se atrevía a bajar a recogerlas, por miedo al metro. Pero ella vivía allí, en el interior de los túneles. Justamente por hacerse con esos objetos.
Todas las noches, después de que el último tren pasase, bajaba a las vías y buscaba todo lo que se había caido allí, buscando aquello que la ayudasé a sentirse mejor.
Nunca quiso abandonar aquella red de estaciones, y las pocas veces que la obligaron siempre volvía al mismo lugar. Vivía al lado de las vías para conseguir lo que los otros tiraban. y por otra razón. Había descubierto que las vías eran una fuente de poder inagotable (por la electricidad), además de una fuente de recuerdos de otros sin fin.
Nunca quiso venir conmigo, ni creer que en la superficie, la gente abandona muchas otras cosas. Solo es cuestión de viajar y buscar. Podría haber conocido a los hombres por lo que tiran, y puede que incluso encontrase otras fuentes de energía.
Buscar en los recuerdos de los demás se denomina el refinamiento del mercurio.
Yo los llamo serpientes.
Brandon.

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